DESYERBANDO: ¡Sorpresa!


¡Sorpresa!

En la emocionante travesía que es mi existencia, he tenido la bendición de conocer y entablar amistad con decenas de seres extraordinarios, eso sin contar los miembros de mi familia, a quienes también considero extraordinarios, entre tantas otras razones, por el solo hecho de quererme y aceptarme tal cual soy.
Gregaria por naturaleza, mi lista de amistades se remonta a mis años pre-escolares y a pesar de haber nombres que solo evocan un rostro congelado en el recuerdo, hay muchos otros cuyos rostros han evolucionado –lazos de amistad que han crecido con, y resistido el, impacto de la distancia y el tiempo.
Mis amistades reúnen una gama de intereses, talentos, tradiciones, destrezas, preparación académica, idiosincrasias culturales, trasfondo económico, creencias espirituales, valores, experiencias, edades y nacionalidades que han enriquecido mi vida y llenado el vacío suscitado por la incertidumbre que es a veces vivir. Guías y maestros en la duda, anclas y timones en el naufragio, porristas y admiradores en el triunfo, consuelo y apoyo en el fracaso, compañeros de juerga y velorios, amores, amantes, compinches, camaradas, confesores y cómplices, de todos he aprendido algo y a todos los llevo en el alma.
Si me preguntaran quienes son las personas más importantes en mi vida, tendría que contestar que constituyen dos grupos: mi familia y mis amistades. Quizás fue esa una de las razones por las que hace un par de años atrás decidí que en lugar de una gran fiesta para celebrar mi cumpleaños número cincuenta, quería irme de viaje. Una gran fiesta para mí, hubiera tenido que reunir a la gran mayoría de esos dos grupos y para ser perfecta, tendría que haber sido sorpresa.
Me encantan las sorpresas y a lo largo de mis años he organizado y participado en muchas. En ocasiones, la sorpresa ha sido para mí, como cuando mi hermanita acabó dando a luz el mismo fin de semana que llegué al “baby-shower” para el que no me esperaba y tuve la maravillosa oportunidad de presenciar el nacimiento de uno de mis sobrinos. O cuando viajé a Puerto Rico para darle la sorpresa a mami, que llevaba unos días indispuesta, y ella ya me estaba esperando. Pero a pesar de haber deseado una y otra vez que la sorprendida sea yo el día de mi cumpleaños, el evento nunca se había dado –hasta este año.
No hubo una gran fiesta, no tocó una orquesta y no llegó nadie que no esperaba. Pero sí fue una gran celebración. Al final del día había recibido más de cien felicitaciones, decenas y decenas de besos y abrazos, y una variedad de regalos, que abarcaba desde flores y velas, hasta una pana y una mata de culantro (es posible que solo mis lectores boricuas entiendan el significado de esto último).
Mi cumpleaños número cincuenta fue una validación de mi existencia. Esa fue mi sorpresa: a pesar de que el amor es mi estandarte, el despliegue de tanto amor aun me sorprende. Y me llena, ¡como me llena!
Uno cosecha lo que siembra. Cultiva amor y deja que el amor te sorprenda.
¡Gracias!

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: